Tengo Esclerosis Múltiple, ¿y ahora qué?

Tras el diagnóstico, es normal cuestionarse cuáles van a ser los cambios que notaremos en nuestro cuerpo. Esto no es fácil de prever. Los síntomas pueden variar enormemente de una persona a otra; e incluso pueden ir cambiando para una misma persona a lo largo del tiempo.

Algunos de estos cambios aparecerán durante un brote para desaparecer al cabo de semanas. Otros pueden permanecer en mayor o menor intensidad.

No obstante, los síntomas suelen ir progresando y es muy importante seguir pautas que nos permitan contrarrestar su severidad.

Además de ser constantes en el tratamiento y seguir las pautas marcadas por el especialista médico, mantenernos activos aporta importantes beneficios motores: el ejercicio ayuda a contrarrestar el desequilibrio y la espasticidad; también contribuye a la salud cardiovascular, facilita el sueño y mejora el tránsito intestinal.

La fatiga, notar que uno se cansa con tareas simples o que requieren concentración, también es muy habitual y requiere de un extra de paciencia y la búsqueda constante de un ritmo propio, pero nunca debe ser la causa del cese de la actividad.

Otro aspecto a tener en cuenta será el control de la temperatura corporal. Sabemos que los síntomas de la esclerosis múltiple (EM) suelen empeorar con el calor. Es importante impedir acaloramientos bruscos vigilando la temperatura de la casa, las capas de ropa que usamos o la hora a la que hacemos ejercicio (siempre mejor por la mañana o por la noche). También habrá que evitar saunas, jacuzzis y duchas con agua muy caliente.

Para llevar una rutina lo más cómoda posible, será necesario establecer hábitos para el cuidado de la vejiga y del ritmo intestinal, entre otras cosas.

En un sentido global, un diagnóstico de EM deber ser un estímulo para adoptar hábitos más saludables, mantenerse activo y tomar conciencia para adoptar ciertas rutinas que nos permitan preservar nuestra calidad de vida por más tiempo. Una mejor forma física puede facilitar, por ejemplo, la recuperación después de un brote.

Ante todo, hay que tener en cuenta que, aunque es una enfermedad crónica, la expectativa de vida puede ser casi normal y muchas personas pueden desenvolverse en su entorno con soltura.

A nivel emocional, mentalizarse de que el estrés, la frustración y la depresión son sentimientos comunes y comprensibles con los que deberemos lidiar en algunos momentos. Aprender a pedir ayuda a la red familiar y consejo a los profesionales sanitarios es el primer paso para contrarrestar la negatividad y permanecer dispuestos ante los cambios.

Referencias:

 

 

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