Síndrome clínico aislado: ¿será esclerosis múltiple?

Si tu médico te ha dicho que tienes un síndrome clínico aislado (SCA), seguro que te haces un montón de preguntas. ¿Qué es eso? ¿Significa que tendré esclerosis múltiple en el futuro? ¿Tengo que empezar ya un tratamiento? Las respuestas no son sencillas, pero vamos a intentar despejar tus dudas.

¿Qué es un síndrome clínico aislado?

Así se denomina a la primera vez que aparecen síntomas neurológicos que duran más 24 horas y no tienen ninguna causa clara (como fiebre o una infección). Puede no repetirse nunca más, y entonces se llama síndrome clínico aislado.

Sin embargo, también puede ser el primer brote de una esclerosis múltiple. En este caso, en algún momento aparecerán más síntomas y se podrá llegar a diagnosticar con certeza la enfermedad.

Parecidos y diferencias entre el síndrome clínico aislado y la esclerosis múltiple

En ambos casos, los síntomas están causados porque se lesiona la vaina de mielina que recubre las células nerviosas (neuronas) del cerebro, los nervios y/o la médula espinal. Esto provoca que las «órdenes» que el cerebro manda al resto del cuerpo no llegan como debieran. Por ejemplo, si el daño se produce en el nervio óptico (neuritis óptica), este no transmite bien las señales desde el cerebro al ojo, lo cual causa pérdida de visión.

Dado que la causa del SCA y de la esclerosis múltiple es la misma, también los síntomas son similares: hormigueo, pérdida de la sensibilidad en alguna zona, visión doble, mareo, dificultades para andar… Puedes sentir solo un síntoma o varios al mismo tiempo. Lo que define el SCA no es el número de síntomas, sino el hecho de que ocurran una única vez.

La diferencia entre ambos está en que el SCA nunca volverá, pero, si lo que te sucede es el inicio de una esclerosis múltiple, evolucionará y dará la cara más adelante. 

Tengo un síndrome clínico aislado: ¿desarrollaré esclerosis múltiple?

Es imposible saberlo con certeza hasta que pase el tiempo y se vea lo que ocurre. No existe ninguna prueba específica que diferencie un SCA de una esclerosis múltiple. Sin embargo, la resonancia magnética nuclear del cerebro y la médula espinal puede dar pistas. El daño en la mielina se ve en la resonancia como manchitas blancas.

El Multiple Sclerosis Trust explica que, si en la resonancia solo se encuentran las lesiones que están causando los síntomas actuales, el riesgo de desarrollar esclerosis múltiple en el futuro es del 20 %. Si, además, se encuentran otras lesiones diferentes, el riesgo aumenta hasta un 60-80 %. En algunos casos, las lesiones que se encuentran son tan características que ya desde el primer momento puede diagnosticarse una esclerosis múltiple. Si es así, evidentemente, ya no se denomina SCA.

Hay otras pruebas que también ayudan a calcular la probabilidad de desarrollar esclerosis, aunque algunas de ellas no están tan establecidas como la resonancia magnética. En la punción lumbar se extrae y se analiza un poco del líquido que rodea el cerebro y la médula espinal. Si se encuentra en él un tipo de proteínas llamadas bandas oligoclonales, parece que el riesgo de desarrollar esclerosis múltiple es mayor.

Por otro lado, el tipo de síntomas del SCA también se relaciona con la probabilidad de que en realidad sea el principio de una esclerosis múltiple. Cuando solo hay síntomas sensitivos (adormecimiento, hormigueo) o visuales el riesgo es menor que cuando se afecta el movimiento (debilidad, incoordinación al andar, etc.) o hay muchos síntomas diferentes. Sin embargo, hay que resaltar que tener un tipo de síntomas u otro no afirma ni descarta el tener esclerosis múltiple.

¿Cómo se trata el síndrome clínico aislado?

Cuando el riesgo de que el SCA se convierta en esclerosis múltiple es elevado, tu médico te recomendará empezar a tomar algún fármaco. Estos han demostrado retrasar la progresión a esclerosis múltiple y la aparición del siguiente brote.

El problema es que, dado que es imposible estar seguros de si el SCA progresará o no a esclerosis, cabe la posibilidad de que tomes un fármaco que, en realidad, no necesitas. Es muy importante que hables con tu neurólogo para entender bien el balance riesgo-beneficio del tratamiento, de forma que, con su ayuda, se pueda tomar la mejor decisión.

Referencias

 

Fecha de publicación: 11/2018

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