Qué es una recaída en el paciente con esclerosis múltiple

Comprendiendo la EM

Un brote o una recaída en Esclerosis Múltiple es la aparición brusca de nuevos síntomas o un empeoramiento de síntomas ya conocidos; es, por tanto, un cambio repentino en la evolución de la enfermedad.

Típicamente se denomina brote o recaída a un episodio sintomático de más de 24 horas de duración. Pueden transcurrir meses o años entre una recaída y la siguiente, pero se ha establecido que debe haber una pausa de 30 días de estabilidad entre ellas para considerar que se trata de brotes independientes. Además, se ha tenido que descartar cualquier causa alternativa para el malestar como una infección, un pico de estrés o un aumento brusco en la temperatura corporal.

La sintomatología de un brote en Esclerosis Múltiple es similar a la de otras alteraciones neurológicas y puede incluir problemas de visión, debilidad y rigidez muscular, cosquilleo o entumecimiento, problemas de equilibrio y mareo, entre otros.

Se asume que las recaídas se corresponden con la aparición de nuevas lesiones en el tejido nervioso o con un episodio de inflamación temporal.

Sabemos que también se detectan nuevas lesiones y procesos inflamatorios en los períodos entre brotes (etapas de remisión). Este tipo de lesiones silenciosas que no causan un brote solamente se detectan en una resonancia y probablemente ocurren en áreas que no se asocian a síntomas o bien donde el cuerpo es capaz de readaptarse más rápidamente.

En caso de estar sufriendo una recaída es aconsejable contactar con el neurólogo para exponer las circunstancias del empeoramiento y que nos pueda recomendar un cambio en el tratamiento. Es esencial que el equipo médico conozca la evolución de la enfermedad para planear el tratamiento más adecuado a largo plazo.

No obstante, los síntomas pueden mejorar por sí solos al cabo de unas pocas semanas, por lo que hay que tener presente que no es necesario un tratamiento específico para tratar todas las recaídas.

Durante la recuperación de una recaída es importante ser pacientes con los límites del organismo, hacer los ajustes oportunos para continuar con las actividades habituales y comunicar a las personas más cercanas cómo pueden ayudar.

Al tratarse de episodios espontáneos, la prevención es un asunto complicado; sin embargo, la constancia en la medicación y mantenerse saludable en general aporta mayor estabilidad y, ante una recaída, el cuerpo se predispone a una mejor recuperación.

Finalmente, es importante estar preparados ante lo impredecible. Acciones como anotar los síntomas en un diario, una agenda o una app y construir una red de apoyo con las personas cercanas pueden ser la clave para afrontar una recaída.

 

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