Qué cambio para EMpezar

La adherencia al tratamiento es el primer paso para tomar el control de la evolución de la enfermedad, pero no es el único. Hay medidas que se pueden adoptar para reducir el impacto de la esclerosis múltiple (EM) en la salud y en la vida cotidiana.

Estas medidas requieren orientación profesional y voluntad para asumir cambios en el estilo de vida.

Se podría decir que la adopción de una buena dieta, un plan de actividad física y el establecimiento de una red de apoyo profesional son los tres grandes cambios en los que enfocarse.

Establecer una dieta saludable baja en grasas y rica en fibra para evitar el sobrepeso y cuidar el intestino son aspectos básicos para el bienestar general. Algunos suplementos alimenticios pueden ayudar si hay carencias nutricionales.

El segundo frente en el que la persona que ha recibido un diagnóstico de EM debe actuar es el ejercicio físico; este modula la respuesta inmune y mejora la capacidad cardiopulmonar. Además, contribuye a mejorar la movilidad, la fatiga y la espasticidad y aporta beneficios sobre el estado emocional y sobre la capacidad cognitiva. Caminar, nadar o las propias tareas domésticas organizadas como una progresión pueden servirnos para empezar a ponernos en marcha.

En una siguiente fase, buscar el apoyo profesional de un fisioterapeuta es esencial para programar los planes de actividad más adecuados a cada caso.

Un terapeuta ocupacional también puede ayudarnos con técnicas para optimizar la energía, favorecer la movilidad y la independencia y evitar riesgos innecesarios.

Además de estos frentes de actuación hay que tener en cuenta otros aspectos particulares de la enfermedad que pueden resultar condicionantes.

Uno de los básicos es la intolerancia al calor que se produce cuando el aumento en la temperatura del cuerpo ralentiza la transmisión nerviosa. El resultado es un empeoramiento repentino y momentáneo de los síntomas: debilidad, fatiga, entumecimiento en las extremidades, visión borrosa… Esta intolerancia afecta a un 70 % de personas con EM en distinto grado y supone marcarse estrategias para mantener el cuerpo refrigerado.

Otro factor muy relevante es la fatiga, que va de la mano de la necesidad de pautar descansos diurnos breves para mantener un rendimiento en las actividades cotidianas y profesionales. Además, hay que asegurarse de que estos no van en menoscabo del descanso nocturno.

Abandonar hábitos dañinos como el tabaco, el alcohol o el sedentarismo es esencial considerando cómo estos promueven la progresión de la enfermedad o interfieren con los tratamientos.

Finalmente, establecer un plan de acción global en el que marcarnos objetivos a medio plazo puede hacernos mucho bien y ayudarnos a afrontar la naturaleza imprevisible que la EM puede tener.

Referencias:

Medidas generales y de cambio de estilo de vida en Esclerosis Múltiple. Artículo publicado el 20-11-2014 en in-pacient.es

 

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