Para qué sirve la historia clínica en la EM

Los síntomas asociados a la esclerosis múltiple (EM) pueden variar mucho de una persona a otra. No obstante, los más comunes como alteraciones en la sensibilidad, alteraciones visuales, falta de coordinación, pérdida del control de la vejiga, etc., son inespecíficos. Muchos de ellos son pasajeros y desaparecen espontáneamente, por lo que en ocasiones se atribuyen a distintas causas.

Ninguno de estos problemas puede –por sí solo– ayudar al médico a diagnosticar una EM con total certeza, aunque generalmente el neurólogo considerará esta posibilidad en una persona joven que haya desarrollado alguno de los síntomas más habituales.

Por otro lado, tampoco existe una prueba única que pueda confirmar el diagnóstico. Es necesario llevar a cabo un diagnóstico diferencial, es decir, un proceso de estudio para descartar otras patologías que tengan síntomas parecidos.

El dictamen o diagnóstico suele constar de tres componentes: la información contenida en la historia clínica, una exploración o examen clínico o neurológico y otras pruebas.

Generalmente el procedimiento va de lo menos a lo más invasivo comenzando por la historia clínica: una recopilación de los problemas físicos que la persona sufre puestos en contexto.

La historia clínica es, por tanto, un registro completo de signos y síntomas antiguos y recientes, su duración e intensidad. Todo ello orienta a sugerir la esclerosis múltiple como la responsable de las alteraciones. La relevancia de la historia clínica está en la recopilación de detalles que pueden dirigir y acelerar el proceso de diagnóstico. En ocasiones, un síntoma que ocurrió en el pasado (insensibilidad en alguna zona del cuerpo o visión doble) puede resultar ahora significativo.

A continuación, se estudian los indicios: el médico busca, a través de un examen o una exploración neurológica, ciertas pistas –signos– que puedan explicar los síntomas descritos por el paciente. Algunas de esas pistas se podrán asociar directamente a un síntoma; otras no.

En el caso de la EM, algunos indicios que puede buscar el especialista son un movimiento anormal de los ojos, alteraciones en los reflejos, problemas de coordinación o muestras de espasticidad o de debilidad en las extremidades. Así pues, el examen neurológico suele incluir un examen de la vista y del estado muscular, considerando tanto la fuerza como la capacidad de realizar movimientos coordinados.

El médico también puede comprobar si hay alteraciones en la sensibilidad de la piel o en los reflejos.

Una vez se ha completado la historia y el reconocimiento neurológico, las pruebas a realizar suelen incluir una resonancia magnética, una punción lumbar o una prueba de potenciales evocados auditivos o visuales.

Para consolidar un diagnóstico es necesario que el neurólogo confirme que existen evidencias de varias áreas de pérdida de mielina (o lesiones de desmielinización) y también que haya podido descartar otras enfermedades que puedan causar síntomas neurológicos similares a la esclerosis múltiple.

 

Referencias:

 

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