Otras 5 claves para prevenir el síndrome del cuidador quemado

Cuidar a una persona que quieres y que tiene esclerosis múltiple es gratificante, pero también física y emocionalmente extenuante. Existen algunas recomendaciones que te ayudarán a mantener tu salud física y mental en plena forma, de forma que no acabes tan exhausto que sea a ti a quien haya que cuidar. En otro artículo hemos hablado de algunas claves para prevenir el llamado síndrome del cuidador quemado. Hoy te traemos cinco consejos más.

1. Sé amable contigo mismo

Seguro que alguna vez (puede que incluso muchas) hayas sentido enfado, ganas de salir huyendo, frustración y pensamientos negativos e inconfesables acerca de la persona a la que cuidas. Después, llega la culpa. Deséchala. Es normal que sientas todo eso. Estás haciendo un trabajo muy duro y es lógico que a veces te rebeles.

tolerante contigo. Imagina que es un amigo quien está en tu situación y te cuenta todo lo que siente. ¿Lo regañarías y le dirías que es una mala persona por sentirse así? Seguro que no. Lo que harías es mostrar tu comprensión, hacerle ver lo valioso que es tanto él como lo que hace y alabar la gran tarea que realiza. No lo machacarías, sino que lo ayudarías a buscar formas de mejorar la situación y de dar la vuelta a esas emociones. Pues ese amigo eres tú. Trátate como lo tratarías a él.

2. Conversa sobre lo que sientes con alguien de confianza

Una manera de canalizar el estrés es hablar con alguien en quien confías. Cuéntale cómo te sientes, tus miedos, lo que te ocurre. El simple hecho de contarlo alivia mucho, pero además puede ayudarte a ver las cosas desde otra perspectiva y a encontrar soluciones a algunos problemas.

3. Habla con la persona que cuidas

Vale, eres cuidador, pero, ante todo, eres pareja, hijo, hermano, progenitor… La comunicación es fundamental para solucionar los problemas. De hecho, gran parte de las alteraciones emocionales provienen de una pobre comunicación.

A veces, conversar se vuelve complicado. Tal vez no te atrevas a plantear lo que de verdad sientes o no recibas la respuesta que esperas. Si os cuesta entenderos, un psicólogo o un terapeuta familiar puede echaros una mano.

4. Cuidar no siempre es hacer

¿Estás seguro de que no existe ninguna manera de que tu familiar se duche solo? ¿Te has informado de todas las adaptaciones técnicas que se pueden aplicar al coche para que personas con ciertas discapacidades sigan conduciendo?

Tal vez estés realizando tareas que, en realidad, la persona que cuidas puede seguir haciendo sola. Cuanto más independiente sea, mejor para ella y para ti. Fomenta su autogestión, anímala a continuar haciendo lo máximo posible por sí misma. Busca soluciones creativas a los problemas de autonomía que vayan surgiendo. Esto incluye adaptar la casa y el coche, encontrar alternativas de transporte… Las nuevas tecnologías son tus aliadas.

5. Socializa

La del cuidador suele ser una labor solitaria. Compaginar los cuidados con el trabajo y otras actividades llega a ser una heroicidad. Pero tú eres un héroe; todos los cuidadores lo son. Busca la manera de tener algo de tiempo para ti y para otras personas, aparte de la que cuidas. Para conseguirlo, es muy importante que pidas ayuda a quienes te rodean, en función de sus posibilidades. Incluso una hora de vez en cuando puede servirte de respiro.

A medida que la enfermedad progresa y requiere más atención, es posible que algunas de tus relaciones se resientan. No te ocurre solo a ti; la vida es un seguir hacia delante, y a lo largo del camino hay pérdidas. Sin embargo, igual que unas relaciones se van, otras entran. Una buena idea es unirte a algún grupo de cuidadores que se reúnan periódicamente (pregunta en una asociación) o conectar con foros de cuidadores en internet.

Cuidar es una labor con luces y sombras. Verás como estos consejos te acercan un poco más al lado luminoso.

Referencias

Fecha de publicación: 11/2018

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