Miedo y ansiedad: puedo con ellos

Cuando nos diagnostican una esclerosis múltiple, es normal que afloren diversos temores. Podemos sentir miedo al futuro, a lo desconocido, a volvernos dependientes, a perder el trabajo o no encontrarlo, a empeorar con el tiempo, a no poder atender a nuestros hijos, a perdernos una parte de sus vidas… En realidad, la verdadera fuente del miedo en la esclerosis múltiple es la sensación de no poder controlar lo que desconocemos.

Sentir miedo en su justa medida no es malo. Según un informe elaborado por un grupo de psicólogos adscritos a la Fundación RIMS (Rehabilitation in Multiple Sclerosis), sentir miedo puede ser beneficioso porque nos ayuda a percibir que algo no funciona bien y a tomar medidas para solucionarlo. Esto es así siempre que sepamos canalizar el miedo, porque si es excesivo se puede girar contra nosotros, paralizarnos y causarnos ansiedad.

La ansiedad es muy común en la esclerosis múltiple. Según la Multiple Sclerosis Society, una de cada tres personas afectadas de esclerosis múltiple padece ansiedad en diversos grados. No obstante, igual que ocurre con el miedo, mantener un cierto nivel de ansiedad en nuestra vida cotidiana es necesario porque nos mantiene alerta ante los posibles peligros. La ansiedad es perjudicial cuando es excesiva o se mantiene durante mucho tiempo.

¿Qué consecuencias tiene el exceso de ansiedad?

Ante una situación de ansiedad, nuestro cuerpo segrega adrenalina, una hormona que provoca una serie de síntomas físicos: sudoración excesiva, palpitaciones, dificultades para respirar, desmayos y mareos, problemas intestinales… Además de ser muy molesta, la ansiedad excesiva puede bloquearnos e impedir que tomemos decisiones.

¿Qué puedo hacer para canalizar el exceso de ansiedad?

La Multiple Sclerosis Society propone una serie de medidas muy sencillas para ayudar a los afectados de esclerosis múltiple a canalizar su ansiedad:

  • Vivir al día. Eso no significa que no podamos hacer planes, sino que debemos evitar preocuparnos por problemas que no han llegado y no se sabe si llegarán.
  • Hacer una lista de actividades que nos ayuden a relajarnos (como leer, tomar un baño relajante, pasear, escuchar música…) y tenerla siempre a mano para practicarlas.
  • No centrarnos en los aspectos negativos de la esclerosis múltiple y en las habilidades que teníamos antes, porque nos impedirá apreciar nuestras mejoras y progresos.
  • Vivir con sencillez, sin imponernos obligaciones que estén por encima de nuestras posibilidades y limitaciones.

Hablar con nuestro médico o con un psicólogo puede ser de gran ayuda para adaptarnos a las nuevas circunstancias. El psicólogo nos puede proporcionar el asesoramiento que necesitamos para organizar nuestros sentimientos y pensamientos, evitar que nos dominen y descubrir miedos ocultos.

Referencias:

Fecha de publicación: 12/2017

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