Memoria en esclerosis múltiple… ¿Olvido algo?

Los síntomas cognitivos, que afectan al pensamiento, al razonamiento y a la personalidad, suelen aparecer en los inicios de la enfermedad aunque, por ser más sutiles que los síntomas físicos, en muchas ocasiones, pasan desapercibidos en las personas que aún no han sido diagnosticadas.

La pérdida de memoria a corto plazo es un problema frecuente que puede afectar a un 30 % de las personas con esclerosis múltiple (EM).

Se cree que esta pérdida en la capacidad de retener nueva información está originada en el daño específico que se produce en el hipocampo, una parte del cerebro que transforma nuestras vivencias en recuerdos. Puesto que este proceso depende de la comunicación entre el hipocampo y otras áreas del cerebro, si se impide o se ralentiza la transmisión de impulsos entre ellas, no se genera un recuerdo inmediato a partir de la información.

Lo más habitual es que se olviden detalles asociados a conversaciones e historias escuchadas o leídas y sea complicado evocarlas o reproducirlas. En el mismo sentido, se suelen observar despistes puntuales pero evidentes, lentitud para procesar la información y falta de atención.

Por el contrario, las habilidades o los recuerdos del pasado (memoria a largo plazo) raramente se ven afectadas por la enfermedad.

Además de las propias lesiones nerviosas, la fatiga, la depresión o la ansiedad que se producen en algunos momentos, por ejemplo, durante un brote, hacen disminuir la concentración y pueden agravar temporalmente los problemas cognitivos. Generalmente a medida que el brote remite, las dificultades cognitivas también lo hacen.

Si el problema permanece o se agrava con el tiempo existen métodos de rehabilitación neuropsicológica o rehabilitación de la memoria que aparentemente pueden resultar útiles para estimular las capacidades y, sobre todo, aprender estrategias compensatorias para reducir los episodios de olvido.

La mejor manera de lidiar con las dificultades de memoria en el día a día es tratar de organizarse bien; llevar un diario para registrar tareas y usar recordatorios o alarmas son dos estrategias básicas para facilitar las tareas cotidianas y también para no olvidarse de tomar la medicación o de una visita médica programada.

En este sentido, puede ser útil hacer anotaciones en un calendario, en una agenda electrónica o de papel o grabar notas de voz en el teléfono móvil, según resulte más conveniente. De esta manera se evita la frustración por no ser capaces de recordar toda la información, ya que cuando se olvida algo solo es necesario recurrir a las anotaciones.

Para las tareas de rutina, como las compras, es muy positivo hacer listas. De esta manera, será más sencillo no olvidarse de artículos de primera necesidad. Mantener un orden en la casa de forma que haya un lugar para cada cosa y cada cosa esté en su lugar, también hace que se reduzcan los despistes.

Además, para mejorar el rendimiento cognitivo es fundamental aprender a controlar la fatiga planeando descansos y optimizar la concentración realizando las tareas de una en una y evitando las distracciones.

Referencias:

 

 

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