Mejorar el tránsito y la regulación intestinal

Uno de los aspectos que puede desregularse a causa de la esclerosis múltiple (EM) es el tránsito intestinal. Síntomas como el estreñimiento, la diarrea o la pérdida de control del esfínter se asocian con frecuencia a la enfermedad.

La causa de estos desarreglos es el daño axonal directo en las neuronas (células nerviosas) que coordinan los movimientos del intestino. Los axones son una parte de las neuronas.

Además de los inconvenientes para la salud que pueden producirse en asociación a esta sintomatología, la sensación de descontrol causa una preocupación justificada en las personas que padecen EM por miedo a que algo les ocurra en un ambiente social.

Para mantener a raya un intestino que no funciona suficientemente bien, es importante aprender a conocer las pautas que pueden ayudar.

Caminar o realizar ejercicio que resulte accesible a nuestro nivel de movilidad puede contribuir enormemente a paliar el estreñimiento.

También es fundamental el consumo de fibra –alrededor de 30 gramos diarios–, así como la habituación a una rutina: escoger una hora determinada del día para ir al baño (vaciamiento programado), después de una comida, por ejemplo. Ser paciente y tomarse el tiempo necesario, así como frotarse suavemente el abdomen puede ayudar a movilizar el intestino. Otro aspecto de rutina es acudir al baño cuando se sienta la necesidad y no aguantarse.

Si se tienen problemas al defecar, se puede pedir consejo a enfermería sobre la manera de estimular manualmente la evacuación o sobre el uso de enemas o laxantes. Estos últimos conviene usarlos solo durante un breve período, hasta lograr la regularidad, y después irlos retirando, ya que su uso continuado puede ser contraproducente.

En caso de haber sufrido ya fugas o incontinencia, es esencial aprender a reconocer las señales previas como inquietud, náuseas, flatulencias o sudores.

Además, cuando planeamos salir de casa, se debe tomar la precaución de controlar si se tiene algún baño cerca, especialmente en las horas después de comer.

También hay que considerar si estos episodios se asocian al consumo de determinados alimentos para tratar de evitarlos en ciertos momentos. Algunos alimentos que pueden inducir diarreas son leche, zumos, frutas, legumbres, refrescos con gas, alcohol o cafeína.

Otra pieza esencial del abordaje de la incontinencia, además de la adopción de una rutina y los cambios en la alimentación, es el fortalecimiento del suelo pélvico mediante ejercicios de entrenamiento de esta musculatura.

Todas estas estrategias conllevan un cambio en el ritmo digestivo que puede tardar algunas semanas en dar resultados, por lo que deberemos ser pacientes y constantes. Si además de estos episodios uno nota dolor continuado en el abdomen, sangre en las heces o un abdomen muy abombado, es conveniente pedir consulta con el médico, ya que estos síntomas pueden ser indicadores de otras enfermedades.

Referencias:

 

 

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