La fatiga en esclerosis múltiple: ahorrar energía

La falta de energía física o mental es un síntoma que sufren del 75 al 95 % de las personas con esclerosis múltiple (EM) y que a menudo interfiere con las actividades diarias y profesionales.

Existe una fatiga crónica y persistente que consiste en un aletargamiento que puede durar más de seis semanas y una fatiga aguda, que aparece de repente y suele constituir un aviso de recaída o empeoramiento de otros síntomas.

Además de la propia EM, puede haber causas indirectas o secundarias para sentirse fatigado, tales como una infección, el calor, ciertos medicamentos, trastornos del sueño, el estrés o la depresión.

En cada caso, habrá que buscar la causa principal y tratar de contrarrestarla de manera adecuada con medicación (o con un ajuste de la que se esté tomando), con técnicas de relajación, psicoterapia, antidepresivos, etc.

Si la fatiga está relacionada directamente con la EM, esta podría tener su origen en los problemas de movilidad, ya que la debilidad muscular puede dificultar las actividades más corrientes; también los problemas respiratorios que aparecen en los casos de EM más severos pueden ser la causa del agotamiento.

Hay también un tipo de fatiga, llamada primaria, que no tiene una justificación fisiológica clara y que es la más habitual. Esta constituye la opción más probable cuando se han descartado otras posibles causas.

Para contrarrestar esta fatiga primaria, algunos medicamentos pueden ayudar, si bien la solución más efectiva puede estar en realizar algunos cambios en el estilo de vida. En cualquiera de los casos, es preciso consultar con un profesional sanitario. Para ayudarnos a solventar el problema, este tendrá en cuenta nuestra condición física general, ambiente (de trabajo y vivienda), aeróbico y los soportes de movilidad que podemos utilizar.

Algunas estrategias básicas para mejorar el nivel de energía son: dejar de fumar para mejorar la función pulmonar, adoptar una dieta equilibrada y baja en grasas, programar y adaptar las actividades diarias, mantener el cuerpo fresco y realizar un programa de ejercicios de fuerza o resistencia que incluya también relajación.

Un fisioterapeuta y un terapeuta ocupacional pueden orientarnos en las mejores estrategias a adoptar.

Usar tecnología de asistencia para realizar tareas básicas o realizar cambios prácticos en el entorno puede aumentar la eficiencia y suponer un ahorro de energía. También tomar pequeños descansos o siestas cortas a lo largo del día para recuperar y prolongar las horas productivas puede ser positivo, siempre y cuando no interfieran en el descanso nocturno.

En cualquier caso, tratar de optimizar las horas de actividad y llevar un registro de los episodios de fatiga nos ayudarán tanto a convivir con la fatiga primaria como a detectar episodios fuera de lo común que puedan alertarnos de otros problemas.

 

Referencias:

 

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