Esclerosis múltiple y tiroiditis

Se habla de autoinmunidad o enfermedad autoinmune cuando el cuerpo es incapaz de diferenciar entre lo que le es propio y las sustancias extrañas. Se activan entonces reacciones de defensa que nos causan distintos síntomas por daños en los tejidos corporales o por cambios en la función de los órganos afectados.

Aunque no conocemos todos los aspectos relacionados con el origen de esta enfermedad sabemos que la esclerosis múltiple (EM) tiene un carácter autoinmune y que la función neurológica se ve afectada por el ataque del propio cuerpo al tejido nervioso.

Por su parte, aunque también puede estar originada por otras causas ‒como una infección‒, la tiroiditis es una de las alteraciones autoinmunes más frecuentes en la población general, particularmente en las mujeres.

El término tiroiditis se refiere a un proceso inflamatorio en la glándula tiroides que altera la producción de hormonas tiroideas, capaces de controlar el metabolismo. Se manifiesta casi siempre como un hipotiroidismo (función disminuida de la glándula) o bien un hipertiroidismo (función aumentada de la glándula).

Dado que muchas de estas enfermedades tienen un origen genético común, no es extraño que personas con EM desarrollen otros trastornos inmunológicos como artritis reumatoide, anemia perniciosa, tiroiditis o diabetes mellitus tipo 1. Cuando se da más de un trastorno autoinmune en la misma persona, se habla de poliautoinmunidad.

Se sabe que en mujeres con EM, la probabilidad de que se produzca un mal funcionamiento de la glándula tiroides es tres veces mayor que en el resto de la población. Para ellas además el riesgo de desarrollar alteraciones funcionales en la tiroides aumenta después del parto. También en los hombres con EM el hipotiroidismo es algo más frecuente de lo normal.

Aunque hay variaciones según la fuente consultada, en términos generales, se estima que una cuarta parte de las personas con EM sufre una alteración de la función tiroidea. En algunos casos, esta es subclínica, es decir, no manifiesta síntomas claros, aunque sí sería detectable en un análisis.

Además, algunos síntomas, como la fatiga, los problemas cognitivos o los calambres musculares, son habituales en ambos trastornos, por lo que la tiroiditis puede permanecer enmascarada por un tiempo.

Por otro lado, se ha relacionado la disfunción de la glándula tiroides con el uso de interferón como tratamiento de la EM. Es posible, por tanto, que en ciertos casos la alteración pudiera estar causada por el uso de este fármaco y esta posibilidad no es fácil de determinar si no se valoró el estado del tiroides antes de iniciar el tratamiento.

Sin embargo, este hecho no excluye la asociación frecuente entre ambas patologías basada en mecanismos comunes del sistema inmunológico. Por ello, algunos autores han sugerido que la administración de hormona tiroidea podría contribuir a aliviar la severidad de las lesiones en la EM. Actualmente se están planteando ensayos clínicos para valorar la veracidad de esta hipótesis.

Referencias:

 

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