Esclerosis múltiple: ¡Mi sistema inmunitario me ataca!

Tener todo un ejército dispuesto a defendernos de nuestros enemigos es muy tranquilizador. Eso es lo que hace el sistema inmunitario, siempre dispuesto a luchar a brazo partido contra virus, bacterias y toda sustancia tóxica y dañina que intente atacarnos. Pero ¿qué pasa cuando ese ejército se rebela y se vuelve contra nosotros?

El sistema inmunitario

Nuestro ejército de soldados se llama sistema inmunitario y está formado por muchos integrantes diferentes, de los cuales los más importantes son los leucocitos. Existen varios tipos de leucocitos, entre ellos, los linfocitos T y B. Los leucocitos se fabrican y almacenan en la médula ósea, el timo, el bazo y los ganglios linfáticos. Una parte está circulando por los vasos linfáticos y la sangre. Son nuestros vigilantes.

Cuando los vigilantes detectan una sustancia extraña (que se llama antígeno), dan la voz de alarma. Los linfocitos B se apresuran entonces a fabricar un tipo de proteína llamada anticuerpo, que está especialmente hecha para identificar e inmovilizar a ese antígeno concreto. También hay anticuerpos que sirven para todo, pero, al estar menos especializados, son menos efectivos.

Los anticuerpos detienen al antígeno, pero no pueden matarlo. Es ahí donde entra en juego el linfocito T, una célula con instintos más asesinos que las demás, que destruye al intruso y nos deja sanos de nuevo. Por supuesto, esta es una manera muy simple de explicarlo, pero no se aleja mucho de la realidad.

¿Y qué pasa en la esclerosis múltiple?

Nuestros soldados tienen vía libre por casi todo el cuerpo, menos por el sistema nervioso central. Ahí tenemos la barrera hematoencefálica, que protege el cerebro de las sustancias tóxicas que circulan por la sangre y que también impide el paso de nuestros valientes linfocitos. El sistema nervioso central tiene sus propios soldados: la microglía y los macrófagos.

Esto es así en condiciones normales. En la esclerosis múltiple, todo este sistema se vuelve loco. Los soldados se equivocan e identifican como extrañas partes de nuestro propio organismo. Se inicia así todo el mecanismo defensivo, que se empeña en destruir eso que han reconocido como el enemigo: la mielina.

En las personas con esclerosis múltiple, además, parece que la barrera hematoencefálica es defectuosa, así que los linfocitos T pueden entrar y destruir más fácilmente. Esa destrucción de la mielina es la que causa los síntomas de la esclerosis múltiple. Como el sistema inmunitario nos ataca, se dice que la esclerosis múltiple es una enfermedad autoinmunitaria.

Pero ¿por qué?

He ahí la pregunta del millón: ¿por qué al ejército de leucocitos le da por rebelarse? ¿Qué es lo que le mueve a ello? La respuesta se desconoce. Hay múltiples teorías: virus, tabaco, déficit de vitamina D… Nada ha podido demostrarse por el momento. Lo que está claro es que no basta con tener una predisposición genética, sino que hace falta algo más para trastornar al sistema inmunitario.

Una vez que el ejército se ha vuelto en contra, hay que combatirlo de alguna forma para que deje tranquila a nuestra mielina. En eso se basan muchos de los medicamentos que se usan en la esclerosis múltiple, en neutralizar al sistema inmunitario. Tal vez, algún día encontremos el fármaco que haga a los soldados entrar en razón y volver al camino de la paz.

Referencias

Fecha de publicación: 02/2019

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