El proceso de adaptación a la esclerosis múltiple

La esclerosis múltiple llega sin avisar y se instala en la vida sin permiso y sin fecha de partida. Es un huésped indeseable y caprichoso que arrasa con todo. Al principio, parece imposible convivir con él, pero, poco a poco, te vas adaptando. Es un proceso que lleva tiempo, pero se consigue.

El diagnóstico de esclerosis múltiple supone un impacto emocional tremendo. Para superarlo, la mayoría de las personas pasan por diversas fases emocionales, que la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross denominó duelo.

  1. Negación. «Es imposible que esto sea cierto» o «El diagnóstico está equivocado, no es esclerosis múltiple» son pensamientos que se te pasarán por la cabeza si estás en esta fase. Cuando el primer brote desaparece y te encuentras bien, es más fácil aún convencerte de que todo ha sido un error.
  2. Ira. Una vez que te das cuenta de que la enfermedad estaba solo «atontada» y vuelves a notar síntomas, resulta mucho más difícil negarla. Lo habitual es que te invada la rabia. «¿Por qué a mí? No es justo» es la expresión que mejor resume los sentimientos de esta etapa. Estás enfadado con el mundo y es posible que te muestres hostil y resentido con los demás.
  3. Negociación. Dado que la ciencia y la vida real no te aportan soluciones, te agarras a la esperanza de cambiar las cosas negociando con un poder superior o mágico. «Si me curo, no volveré a pelearme con mi madre»; «Si se me quita el temblor, prometo…». Es un intento más de defenderte de la realidad.
  4. Depresión. La realidad va imponiéndose y, con ella, la tristeza. Es normal llorar y lamentarse. A veces, el estado de ánimo es tan bajo que no tienes ganas de hacer nada. Un psicólogo puede ayudarte a superar esta etapa (y las otras también).
  5. Aceptación. Poco a poco, vas superando estas emociones y empiezas a afrontar la realidad. Eso implica reajustar un montón de aspectos: tus expectativas de futuro, la forma de realizar las tareas cotidianas, la relación con los familiares y amigos, el trabajo… La vida vuelve a tener sentido y eres capaz de disfrutar otra vez. Esto no significa que la tristeza, el miedo o la frustración se hayan ido para siempre. Volverán, de vez en cuando, pero tendrás más capacidad de enfrentarlos.

Estas etapas de adaptación ante una pérdida pueden ocurrir en diferente orden y tener distinta duración. Además, no necesariamente vas a pasar por todas ellas. Lo importante es que te des tiempo, sin forzar el proceso, y que sepas que, antes o después, la aceptación llegará.   

Referencias

 

Fecha de publicación: 11/2018

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