Cómo engancharte al ejercicio físico si tienes esclerosis múltiple

El ejercicio físico es bueno para la esclerosis múltiple. Muy bueno. Lejos queda la época en la que se recomendaba reposo a las personas con esclerosis porque se creía que las perjudicaba. La actividad física tiene múltiples beneficios, tanto físicos como emocionales, y con ciertas precauciones básicas es muy seguro.

Si está tan claro que el ejercicio físico es beneficioso, ¿por qué las personas con esclerosis múltiple son más sedentarias que las demás? ¿Se puede hacer algo para remediarlo? Las respuestas, en este artículo.

Las personas con esclerosis múltiple son… ¿vagas?

No, claro que no. Sería muy simplista e injusto decir esto. Pero sí es cierto que las personas que tienen esclerosis múltiple realizan menos actividad física que las demás. Existen diferentes motivos para que así sea.

En primer lugar, tenemos los síntomas. La enfermedad produce una serie de síntomas físicos (fatiga, dificultad para andar, debilidad, dolor, etc.) y emocionales (depresión, ansiedad) que ponen trabas a la práctica de actividades deportivas. Es difícil ponerse en marcha cuando la fatiga se adueña de ti, ¿verdad? O cuando para llegar hasta el gimnasio hay que superar docenas de barreras arquitectónicas.

En segundo lugar, pero igual de importante, está la autoeficacia (o, más bien, la falta de ella). Este término se refiere a la creencia en la capacidad de uno mismo para cumplir con éxito tareas o actividades específicas. Si crees que eres incapaz de llevar a cabo una actividad determinada (por ejemplo, montar en bicicleta), ni tan siquiera vas a intentarlo. ¿Lo bueno? Que la autoeficacia se puede trabajar y mejorar.

Estrategias para decirle sí al ejercicio físico, para siempre

Lo ideal antes de empezar cualquier actividad física es ponerte en manos de un profesional, bien sea un fisioterapeuta, médico, enfermero… Seguro que en la asociación de pacientes más cercana tienen alguno o pueden orientarte. Ese profesional te guiará y te aconsejará. En cualquier caso, algunos factores que pueden ayudarte a incorporar el ejercicio físico en tu vida y no abandonarlo son los siguientes:

  • Infórmate bien sobre todo lo que puedes ganar con el ejercicio físico. Conocer todos sus beneficios no es suficiente para que te «enganche», pero sí el primer paso.
  • Escoge un tipo de ejercicio adecuado. Debe ser apropiado para tu condición física y, por supuesto, tiene que gustarte. Si lo que te aconsejan es la natación, pero la aborreces… busca otro deporte.
  • Decide si prefieres actividades solitarias o en grupo. En este último caso, hacer deporte con otras personas que también tienen esclerosis múltiple es una buena opción, que pude motivarte e, incluso, servirte de terapia grupal. Una vez más, te recomendamos acudir a una asociación de pacientes.
  • Ponte metas pequeñas, que puedas lograr. La mejor manera de creer en ti mismo y en lo que puedes hacer es… hacerlo. Pero, para ello, necesitas trazar un plan de ejercicios realista. Es mejor que sea poco ambicioso al principio. Ya habrá tiempo de aumentarlo, a medida que la propia gimnasia mejore tu estado físico.
  • Aparte del tipo de actividad, el plan de ejercicios debe incluir aspectos como el tiempo que le vas a dedicar, la mejor hora del día (en función de cuáles son tus momentos de menos fatiga, por ejemplo), cómo vas a llegar al gimnasio o qué pasa si un día estás muy cansado.
  • Haz una lista con todas las cuestiones que te preocupan y que crees que te impedirán lograr tu objetivo, para buscar soluciones antes incluso de empezar. Por ejemplo, si lo que te propones es caminar 30 minutos todos los días, pero temes no poder hacerlos seguidos, elije un sitio con muchos bancos donde descansar.

Tú puedes hacer ejercicio físico. Incluso si estás en una silla de ruedas, puedes hacerlo. Pero, para lograrlo, tienes que planificarlo bien y, sobre todo, creértelo.

Referencias

 

Fecha de publicación: 11/2018

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