Vitamina D, ¿complemento alimenticio para la Esclerosis Múltiple?

Cuando se habla de suplementos nutricionales recomendables para las personas con Esclerosis Múltiple (EM), la vitamina D suele ser la primera sugerencia.

Es bien sabido que esta vitamina regula el metabolismo del calcio y el fósforo y puede influir en la función inmune del organismo y en el sistema nervioso.

Asimismo, se ha encontrado una correlación evidente entre la deficencia de vitamina D y una mayor presencia de EM en la población, por lo que es frecuente escuchar que un suplemento de vitaminas podría servir para prevenir el desarrollo de esta patología; sin embargo, no se han encontrado evidencias científicas.

La vitamina D se sintetiza en la piel a partir del colesterol o bien se obtiene directamente a través del consumo de determinados alimentos, como son el pescado azul, los huevos o los lácteos.

Los ácidos grasos omega-3 y omega-6 también son tradicionalmente suplementos muy recomendados, precisamente porque intervienen en la absorción de la vitamina D. Además, se sabe que pueden tener un efecto protector contra la inflamación.

Es necesario tener en cuenta que la vitamina D es de naturaleza liposoluble y eso significa que su exceso no se elimina (como sí ocurre, por ejemplo, con la vitamina C), sino que se va acumulando en el tejido graso, por lo que su influencia en la aparición y la evolución de la enfermedad no es puntual, sino que se ejercería a lo largo de la vida.

Además, se ha sugerido que la mayor o menor respuesta del organismo a los efectos de la vitamina D que consumimos podría ser un factor condicionado genéticamente, por lo que esta no tendría el mismo grado de influencia en todas las personas.

En este sentido, los tratamientos de choque contra la EM que se han planteado empleando altas dosis de vitamina D no parecen particularmente útiles, e incluso, podrían resultar contraproducentes por su potencial toxicidad.

El uso de complementos alimenticios es un tema delicado en el que han de tenerse en cuenta las evidencias científicas y, sobre todo, las necesidades de cada persona. Por otro lado, los ensayos que se han realizado hasta ahora para valorar los beneficios de suplementar la dieta con esta vitamina han empleado cantidades muy diferentes, de manera que es difícil establecer una comparativa de los resultados y determinar cuáles serían las dosis útiles para frenar la degeneración producida por la Esclerosis Múltiple. Actualmente, los tratamientos basados en complementos alimenticios de vitamina D suponen un campo en investigación activa.

La máxima médica es que si no es necesaria la suplementación nutricional no se realice, ya que una dieta bien planteada puede ser suficiente y adecuada. Lo más conveniente es tratar el tema con nuestro equipo médico para estudiar nuestra dieta y encontrar posibles carencias que necesiten ser compensadas.

Referencias:

  • Vitamina D. Hoja informativa para consumidores. National Institutes of Health. 2016.
  • Comunicación oral, Dr. José M. García Domínguez, Servicio de Neurología del Hospital Gregorio Marañón; mayo de 2016.

 

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