Dieta mediterránea en la esclerosis múltiple, ¿es la mejor opción? (II)

Ya vimos en el artículo anterior Dieta mediterránea en la esclerosis múltiple, ¿es la mejor opción? (I) que no tiene sentido hablar de dietas milagro o demonizar determinados alimentos.

Sin embargo, del mismo modo que ciertos alimentos pueden ayudar a mantener controlados algunos síntomas de la esclerosis múltiple, otros pueden contribuir a mejorar determinados síntomas, como la fatiga o el estreñimiento.

Partiendo de la base de que no existen las panaceas, en general se puede decir que la clave está en las pautas: comer poco, comer de todo y hacerlo con frecuencia. Esta recomendación general es fácil de seguir si se realiza con cierta planificación y se tiene siempre a mano una reserva de emergencia, como una pieza de fruta.

Otra pauta relevante que está relacionada con la dieta es la hidratación. Las personas con EM no necesitan más agua que el resto… ¡pero tampoco menos!

Beber agua contribuye a favorecer el ritmo intestinal y mantener a raya las infecciones. Sí pueden tratar de evitarse bebidas diuréticas como la cerveza o el té y excitantes como la cafeína y la teína (y el picante en aquellos casos en los que hay problemas de incontinencia vesical). También es eficaz intentar no beber en las últimas horas del día para evitar la urgencia durante el descanso nocturno.

El consumo de arándanos se ha relacionado popularmente con el control de las infecciones urinarias; sin embargo, aún no hay evidencias suficientes que sustenten esta afirmación.

Como complemento, tampoco conviene abusar de suplementos vitamínicos y tomarlos solo si se ha establecido una carencia en la dieta. Recordemos que las vitaminas naturales siempre se absorben mejor que los complejos polivitamínicos y que, además, algunas de estas vitaminas se acumulan en la grasa (los tipos A, D y E) y su exceso puede ser perjudicial.

Entonces, ¿qué pasa con la dieta mediterránea? ¿es realmente la mejor opción? Pues parece que sí. Una dieta mediterránea auténtica basada en vegetales, cereales y pescados es, por definición, pobre en grasas, pobre en sal, rica en fibra y equilibrada en nutrientes.

Si tenemos que decidirnos por una dieta, la mediterránea parece cumplir a la perfección con los requisitos para ayudarnos a estar mejor. Ahora bien, no olvidemos que una buena alimentación siempre ayuda –mejor complementada con ejercicio y siempre adaptada a cada persona–, pero en ningún caso sustituye al tratamiento farmacológico.

En cualquier caso, evitar los excesos, las comidas copiosas y los alimentos que prometen milagros son siempre buenos consejos. Dieta mediterránea, sí; dietas milagrosas, ¡no gracias!

Referencias:

  • Pozuelo-Moyano B, Benito-León J. Dieta y esclerosis múltiple. Rev Neurol 2014; 58: 455-64.
  • Comunicación oral, Dr. José M. García Domínguez, Servicio de Neurología del Hospital Gregorio Marañón; mayo de 2016.

 

 

1707051175

ver más en Afrontando la EM