Depresión y ansiedad, dos frecuentes síntomas en la esclerosis múltiple

La depresión y la ansiedad son algunas de las alteraciones emocionales que se asocian a la esclerosis múltiple (EM). De ellas, la más común es la depresión. Según una revisión reciente elaborada por un grupo de expertos en neurología y psiquiatría del Hospital Universitario La Paz, en Madrid, cerca de un 50% de las personas pueden desarrollar depresión en algún momento de la enfermedad, frente a un 10-15% en la población general, y un 25% tendrán algún trastorno de ansiedad.

La depresión puede aparecer como reacción al diagnóstico inicial. Es normal sentirse triste cuando nos diagnostican una enfermedad crónica; la esclerosis múltiple es un visitante inoportuno que se instala en los pacientes y modifica su forma de pensar, sentirse y comportarse. No es fácil adaptarse a este cambio. Ante una noticia como esta, los pacientes pueden ver reducidas sus expectativas de futuro y verse obligados a hacer una serie de ajustes no deseados en sus vidas.

La depresión también puede aparecer ante un empeoramiento de los síntomas de la esclerosis múltiple, o puede ser una consecuencia del estrés prolongado. La fatiga y otros síntomas físicos, junto con la lucha interna por sobreponerse a ellos, puede producir un enorme sufrimiento emocional en las personas que acabe en una depresión.

Hay que tener en cuenta que la depresión no es sinónimo de tristeza. Es normal que aparezcan sentimientos temporales de tristeza en la esclerosis múltiple, pero si continúan con moderada intensidad durante más de dos semanas es posible que se padezca una depresión. La depresión no es un estado de ánimo, sino una enfermedad que causa tristeza permanente, atrapa a las personas en una situación para la que no ven una salida, y se acompaña de otros síntomas como irritabilidad, problemas para dormir, trastornos alimentarios o una baja autoestima.

Ante la sospecha de estar sufriendo una depresión, es importante acudir al médico para que le aconseje. Es importante no dejar la depresión sin tratar, porque puede afectar de forma negativa a la evolución de la esclerosis múltiple. Además, según un reciente estudio llevado a cabo por un equipo de investigadores de los Estados Unidos, en las personas deprimidas disminuye la adherencia al tratamiento para la esclerosis múltiple. Mantener la adherencia es esencial para mejorar la efectividad del tratamiento y el pronóstico de los pacientes.

El diagnóstico y los síntomas de la esclerosis múltiple también pueden generar sentimientos de ansiedad. La presión en pequeñas dosis puede ayudar a realizar bien un trabajo, pero cuando el reto es demasiado grande o dura demasiado tiempo puede provocar estrés y ansiedad. El propio carácter impredecible de la esclerosis múltiple puede ser una fuente de ansiedad. También puede causar ansiedad la preocupación por sus posibles efectos sobre las relaciones familiares y sociales, los proyectos personales y la vida en general.

La ansiedad se ha relacionado con una mayor frecuencia de brotes y de lesiones desmielinizantes. Por ello, no es bueno permitir que se instale. Ante los primeros síntomas, se recomienda acudir al médico o al psicólogo para que aplique pautas para erradicarla. A veces bastarán unos sencillos ejercicios de relajación para tranquilizar el ánimo.

En muchos casos, la ansiedad disminuye cuando se conoce mejor la enfermedad. Las nuevas terapias permiten vivir con esclerosis múltiple durante muchos años manteniendo una buena calidad de vida. Cada vez más, la esclerosis múltiple está dejando de ser un visitante incómodo para convertirse en un inseparable compañero de viaje.


Referencias:

Fecha de publicación: 07/2017

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