Cómo mejorar la espasticidad de la esclerosis múltiple

La espasticidad es un síntoma que provoca rigidez, contracturas y espasmos musculares. Afecta hasta a un 80 % de las personas con esclerosis múltiple, por lo que es probable que la sufras en algún momento de la evolución de la enfermedad.

La espasticidad varía mucho tanto entre las personas como en una misma persona a lo largo del tiempo. Puede suponer una simple molestia o limitar los movimientos de tal forma que interfiera sobremanera en las actividades diarias. Aparte de los medicamentos, existen otras estrategias para mejorarla.

La fisioterapia mejora la espasticidad

La National Multiple Sclerosis Society (Sociedad Nacional de Esclerosis Múltiple) explica que estirar los músculos y mover las articulaciones es fundamental para mantener la flexibilidad, preservar la movilidad de las articulaciones, prevenir las contracturas y mejorar la circulación.  Los estiramientos y movilizaciones pueden ser activos (eres tú quien mueve la extremidad) o pasivos (es otra persona quien los realiza). El fisioterapeuta te enseñará los ejercicios específicos para mejorar la espasticidad, y también puede enseñárselos a algún familiar.

Los ejercicios en el agua (hidroterapia) y la aplicación de frío —bien con bolsas de gel, bien en la bañera (crioterapia)— son técnicas que también disminuyen la espasticidad.

Por último, mantener una postura correcta, tanto sentado como de pie y acostado, ayuda a evitar las contracturas y los espasmos que aparecen como consecuencia de la espasticidad.

Aprende a reconocer los factores que empeoran la espasticidad

Existen múltiples factores que agravan la espasticidad. Se los conoce como factores desencadenantes o agravantes. Reconocerlos es clave para tratarlos cuanto antes y evitar que la rigidez, los espasmos y las contracturas empeoren. El Multiple Sclerosis Trust explica cuáles son y advierte de la importancia de contárselo enseguida al médico si aparece cualquiera de ellos.

Infecciones de orina

Las infecciones de orina son uno de los motivos que con más frecuencia empeoran la espasticidad. Se identifica por las molestias al orinar, la sensación de seguir con ganas a pesar de haber orinado hace un momento y la necesidad de orinar muchas veces. Sin embargo, es posible que no sientas ninguno de estos síntomas, sino simplemente que la espasticidad empeora.

Problemas intestinales

El estreñimiento agrava la espasticidad. Es fundamental que vayas con regularidad al baño y que las heces sean blandas, de forma que no precises hacer esfuerzos.

Unas heces muy duras pueden formar un tapón al final del intestino (fecaloma). Sospéchalo si empiezas con estreñimiento alternando con diarrea (la diarrea aparece cuando las heces blandas por encima del tapón presionan tanto que rebosan).

Alteraciones de la piel

La ropa y los zapatos apretados rozan e irritan la piel. Por otro lado, si mantienes una postura inadecuada o te cuesta cambiar de posición puedes sufrir úlceras y heridas, por culpa de la presión mantenida en una zona. Revísate la piel a diario para detectarlas cuanto antes.

Infecciones

Las infecciones, del tipo que sean (de orina, respiratorias, dentales…), agravan la espasticidad, así que deben tratarse cuanto antes.

En algunas personas, la vacuna de la gripe empeora los síntomas de esclerosis múltiple, pero solo de forma leve y transitoria. Los beneficios son mayores que los riesgos, por lo que la Sociedad Española de Neurología recomienda la vacunación.  

Otros desencadenantes

El dolor, la fatiga, los cambios de temperatura y el estrés emocional empeoran los síntomas de la espasticidad. Háblalo con tu médico para que te dé el tratamiento adecuado o te envíe al profesional que mejor te ayude.

Referencias

Fecha de publicación: 04/2017

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